Teatro El Trueque

Entrevista a José Félix Londoño

José Félix Londoño es el director del grupo de teatro El Trueque. Es un joven apasionado por el teatro, y es muy riguroso en sus investigaciones para llevar a la escena obras de escritores como Charles Bukowski, Edgar Allan Poe, Marco Antonio de la Parra, entre otros muchos dramaturgos y artistas que alimentan su manera de hacer teatro.

¿Cuándo se da la aparición de Teatro El Trueque?

José Félix Londoño: El grupo nació hace aproximadamente nueve años. Lo iniciamos tres compañeros de la universidad con un trabajo de personaje en quinto semestre. Queríamos que aquel trabajo no se quedara solamente en un ejercicio de la universidad, nuestra intención era sacarlo del medio académico y llevarlo a la ciudad. Entonces nos aventuramos a buscar un espacio, una sala de teatro. Fue muy difícil por- que no nos conocía nadie. Tocamos las puertas de la sede del grupo de teatro Matacandelas, pero no nos fue posible pagar una temporada allí; acudimos a varios grupos de la ciudad y llegamos a la Exfanfarria, donde ahora es la sede de El Trueque. Allí presentamos El ángel de la culpa como ejercicio de la Universidad de Antioquia; empezamos con dos semanas de temporada y acá llegaron los medios —en esa época los medios venían a los teatros, pero ya es muy difícil que lo hagan—; recuerdo que vinieron de El Colombiano a hacer una entrevista.

Nosotros no teníamos nombre para el grupo; habíamos pensado en nombres que en parte evocaban a Artaud, como Desasosiego, Epopeya, Apocalipsis… eran juegos de nombres que nos servían para reconocernos, pero no habíamos definido un nombre como tal. El día de la entrevista me preguntaron cómo se llamaba el grupo; como no lo habíamos definido, yo pensé inmediatamente “te doy, me das”: El Trueque, fue lo primero que se me vino a la cabeza por el intercambio que se da en el teatro. Después tratamos de cambiarlo, pero no ha sido posible.

EA: Esa historia hace parte de toda esa lúdica que ustedes proponen. Me da la impresión de que en el grupo parten del juego para la creación de la puesta en escena. De la misma manera como escogiste el nombredel grupo, asimismo la improvisación teatral y el juego parecen ser las herramientas más importantes para la creación dentro del grupo: juegan con las palabras, con las imágenes, con los textos…

J.F.L.: Jugamos con todo, pero siempre partimos de la lectura. Yo tengo muchas cosas que he recogido de mis lecturas, cosas que quedan en mi mente, y cuando menos pienso resulto hablando de eso con las actrices —pues ahora estoy acompañado de cuatro actrices—. Después de muchos cambios en los integrantes del grupo, ahora nos estamos estabilizando, sobre todo cuando se consiguió la sede, que fue hace dos años (marzo de 2009); en ese momento fue cuando nos dimos cuenta de que éramos realmente un grupo de teatro, pues antes éramos un grupo itinerante, no teníamos sede, y ensayábamos donde nos prestaran el espacio. Por eso cuando encontramos esta sala fue una gran alegría para todos, pero también fue encontrarnos con un monstruo, con el reto de arreglarla, y muchas otras responsabilidades. Eso generó muy buenas cosas, que definieron lo que es un grupo de teatro para nosotros.

EA: Así es como nacen algunas propuestas artísticas, como los lotos salen de las lagunas; y así han surgido muchos grupos de teatro de la ciudad. Este grupo hace su aparición en un momento en el que lo virtual, lo digital, se vuelve un recurso importante para la creación artística. ¿Cómo entra ese componente en las obras de El Trueque?

J.F.L.: Hace mucho tiempo que en nuestro medio se están usando los recursos digitales en el teatro, por ejemplo en los montajes de Fernando Zapata y en los de la Universidad de Antioquia. Recuerdo que allí hubo una versión de Fausto en la que aparecen medios digitales; eso fue hace unos quince años. Lo virtual ya empieza a generar un apoyo de la imagen, que en el teatro nos puede ayudar mucho.

Para montar Confesiones de un amor casi imposi- ble, que es una adapta- ción de Lolita de Nabokov, yo tuve que verme las pe- lículas de Stanley Kubrick (1962) y de Adrian Lyne (1997), y eso es ya algo virtual que está apoyando la creación, así no la lleve como imagen técnica al teatro, pero sí como inspiración para la imagen en la puesta en escena.

El cine es un apoyo fundamental para el teatro. Un actor de teatro tiene que ver mucho cine, y un director todavía más, pues el teatro se alimenta del cine, de películas como las de Fellini, Buñuel, Fasbinder o Hitchcock. Uno a veces se pregunta “¿Cómo llevo este texto a la escena?”, y el cine tiene esa facultad, mediante la tecnología, lo virtual. ¿Cómo hacer eso en el teatro? yo no he podido, no porque no me guste, sino porque no he explorado mucho esas técnicas para mi trabajo en la escena.

El cine es un apoyo fundamental para el teatro. Un actor de teatro tiene que ver mucho cine, y un director todavía más, pues el teatro se alimenta del cine.

EA: ¿Por qué no lo has hecho?, ¿por falta de recursos o porque todavía esas técnicas no han llegado como parte de una concepción poética para conducir o ajustar la puesta en escena?

J.F.L.: En parte por falta de recursos y porque en mi trabajo escénico yo parto mucho del actor, y por eso no he empezado a explorar esas técnicas, aunque sé que de ellas pueden resultar cosas muy interesantes. Creo además, como acabas de decir, que no ha llegado esa parte en mi concepción poética, es decir, aún no he necesitado de lo virtual para crear determinado efecto en mis montajes teatrales.

Pero además pienso que la esencia del teatro es el actor, el personaje ahí con su texto, con su carga, y pienso que con lo virtual este trabajo puede volverse otra forma de arte. Para mí el teatro —y esto puede sonar muy romántico— es el actor, el personaje con la carga que éste le imprime. Hay quienes afirman que los actores serán remplazados por hologramas, y decir eso me parece una barbaridad, eso nunca va a pasar, y si algún día pasa, será la muerte del teatro.

EA: Puede ser otra forma de hacer arte, como el happening sin el ser humano en el escenario, es decir, una conformación de cosas diversas, para construir una ima- gen que sigue siendo plástica, sigue siendo poesía y si- gue siendo arte. Pero el teatro como tal obedece al actor. Y sin director puede haber teatro, pero no sin actor.

J.F.L.: Es cierto. Samuel Beckett decía que el teatro es un personaje, un actor, frente a un público: se prende el reflector y ahí está el teatro. La parte técnica es bellísima, y es útil siempre y cuando sea bien utilizada, pero he visto montajes en donde se abusa de la imagen virtual, entonces todo se queda ahí, en lo virtual y digi- tal, y yo me pregunto: ¿dónde queda el actor?

EA: El teatro contemporáneo, el que hemos visto en festivales como el de Manizales o el Iberoamericano de Bogotá,incluye muchos elementos como lo virtual o lo digital. En tu opinión, ¿qué nos muestran estos montajes internacionales?, ¿qué nos enseñan?, ¿sí nos dejan algo?, ¿nos dejan un reto? ¿Te inspiran?, ¿te cuestionan?

Para mí el teatro —y esto puede sonar muy romántico— es el actor, el personaje con la carga que éste le imprime. Hay quienes afirman que los actores serán remplazados por hologramas, y decir eso me parece una barbaridad, eso nunca va a pasar, y si algún día pasa, será la muerte del teatro.

J.F.L.: A mí me inspiró mucho en Manizales Las abarcas del tiempo, de Bolivia, porque es un montaje sencillo, es decir, no abusa de lo digital como sí lo hacen otros mon- tajes, como el Hamlet de Shakespeare que se presentó en Bogotá, que tiene veinte pantallas en la escena; mientras que en Hamlet Máquina, lo que hace Farley Velásquez, de la compañía La Hora 25, de Medellín, es muy interesante porque cuadra el texto con lo que Heiner Müller también propone a nivel visual.Creo que usar la imagen por la imagen sin ninguna justificación en relación con el actor no es lo más apropiado, pues a veces las imágenes van por un lado y el actor va por otro lado, como en ese Hamlet que yo vi en Bogotá…

Yo creo que en algunos casos falta más estudio, más ensayo. Como la pantalla o el video beam son recursos técnicos, y no hay la posibilidad de estar utilizándolos todo el tiempo en los ensayos, los grupos ensayan con el supuesto de que esos elementos van a estar presentes, y sólo faltando unos días para la presentación empiezan a ensayar con el elemento real, con los videos, cuando en realidad deberían estar dándoles el mismo manejo durante todo el trabajo, incluso desde que se empiezan las improvisaciones. Por eso en las presentaciones lo digital absorbe todo el espectáculo. La pregunta es cómo manejar esas técnicas a la par con la actuación, con los personajes.

EA: Cuéntanos sobre las primeras obras de El Trueque, que obedecen a una energía joven, a proyectos novedosos para el teatro.

J.F.L.: Después de montar El ángel de la culpa, los fundadores del grupo nos separamos, pues cada uno inició nuevas búsquedas; yo empecé a acercarme al Matacandelas y a otros grupos, como Hora 25, y este acercamiento fue una ayuda muy grande en mi visión como director. Fue muy enriquecedor estar al lado de directores como Farley Velásquez, Cristóbal Peláez, Jaiver Jurado o Héctor Lorza, que fue uno de mis primeros maestros, el que me dio la posibilidad de hacer teatro, y me llevó a montar La reconstrucción, una obra que recibió una beca de creación del Ministerio de Cultura, y que se presentó en la calle; aquello fue una cosa fantástica, y para mí es un referente.

Ya que tenía esas puertas abiertas, y que había aprendido mucho de aquellos grupos, empecé a conformar mi grupo de teatro, y sobre todo a dirigirlo en la práctica —porque esto es algo para lo que la teoría es muy útil, pero realmente se aprende en la práctica—. Empecé a trabajar con alumnos míos, y poco a poco se fue conformando el grupo. Sin darme cuenta fueron apareciendo personas que querían trabajar con nosotros, y se fue definiendo la figura mía como director, pues era el más antiguo, el que más tiempo llevaba con el proyecto. Después apareció Ana María. Ella era del TPM (Teatro Popular de Medellín) pero empezó a trabajar conmigo y se enamoró de esta idea; ya llevamos nueve años trabajando juntos. Por ese tiempo montamos una obra de Tennessee Williams, La marquesa de Lakspur Lotion, un homenaje a Chéjov; y siempre hemos buscado autores como del corte de Tennessee Williams. También nos gusta mucho Lorca, aunque estamos en deuda con él.

Después de La marquesa de Lakspur Lotion montamos Hijo de Satanás, que es un cuento de Charles Bukowski; esta obra empezó a ser el referente de El Trueque como grupo, y se comenzó a presentar en la ciudad, en salas como la del Matacandelas o la Oficina Central de los Sueños.
Con Charles Bukowski, que es un autor que a mí me gusta desde mi adolescencia, me enfrenté a la adaptación teatral, al asunto de llevar un cuento al teatro, y esto es casi labor de dramaturgo.

Creo que usar la imagen por la imagen sin ninguna justificación en relación con el actor no es lo más apropiado, pues a veces las imágenes van por un lado y el actor va por otro lado.

EA: Ustedes logran un reconocimiento en la ciudad como grupo destacado, y la Secretaría de Cultura les ofrece un es- tímulo económico; realizan entonces el montaje de un cuento de Tomas Carrasquilla. Hablemos de lo que se hace con este cuento y de lo que viene realizando el grupo.

J.F.L.: Con Hijo de Satanás tuvimos muchas presentaciones y alcanzamos mayor reconocimiento en la ciudad, de modo que logramos que la Alcaldía nos contratara para montar Simón el mago, el cuento de Tomás Carrasquilla. Ésta es la obra que nos ha mantenido, es decir, hemos vivido del cuento de Carrasquilla. Gracias a esa obra hemos pagado esta sede, hemos podido pagar el alquiler por casi dos años. El montaje ha gustado mucho y se ha presentado en los parques biblioteca, que siempre se llenan y los niños son felices con el cuento. En ese montaje yo sí pensé en algo virtual; ahí yo me pregunté cómo hacer que los personajes volaran, y me imaginé un video en el que se mostrara a los actores volando por la ciudad, con fotografías de Medellín antigua; pero no teníamos la posibilidad de hacerlo, pues nos faltaba el recurso económico; sin embargo, todavía pienso en integrar ese recurso virtual en este montaje.

También tenemos una obra de Navidad, que se llama Los Coconucos de Don Amargón. Con todas estas obras hemos alcanzado cierto reconocimiento. Nuestro trabajo más reciente se llama Confesiones de un amor casi imposible, una adaptación de la novela Lolita, de Vladimir Nabokov. Éste es un atrevimiento literario, un juego que quise hacer con la novela. Pero es que yo pienso que uno debe atreverse a hacer cosas. A mí me decían que cómo iba a montar Lolita, que eso era una locura después de ver la grandiosa película de Stanley Kubrick, etc. Pero yo extraigo de la obra lo que quiero, lo que me parece que ella tiene que decir, y con mi imaginación la presento al espectador.

Ahí vamos… éstos han sido los montajes de El Trueque, y tenemos muchos proyectos para el futuro, sobre todo con el programa de Concertación, de la Secretaría de Cultura del Municipio, que es una gran ayuda para grupos como nosotros, pues necesitamos recursos para nuestros montajes.

Nosotros pretendemos hacer teatro sin prisa. Para hacer buen teatro hay que llenarse de paciencia, y no producir por producir. Creo que el tiempo es funda- mental para poder madurar las ideas, los textos, los montajes, y eso requiere toda la calma del mundo. Y no se trata de pereza sino de meditación: el teatro necesita mucha meditación. Pongamos por caso Lolita: yo leí la novela en el colegio y siempre había pensado cómo llevarla al teatro.

EA: Hablemos ahora de la sede, una sede que empezó el Pequeño Teatro, que después la tomó la Exfanfarria Teatro, con el maestro José Manuel Freidel a la cabeza, y que ha tenido muchos fantasmas literarios, como un escritorio que era precisamente de Tomás Carrasquilla, o el montaje de una obra a partir de un cuento del mismo Carrasquilla, El padre Casafús… ésta es una casa que tiene mucha atmósfera, mucha poética…

J.F.L.: Sí, yo creo que ésa es una ventaja de la casa, y esa atmósfera se siente todavía. Aquí hay muy buenos recuerdos y la casa está cargada de teatro… ¡Cómo ignorar al maestro Freidel y todo el teatro que se hizo aquí! Nuestra meta es quedar- nos con este espacio y que la casa no se convierta en un edificio más de ésos que nos rodean, sino que se mantenga como un teatro, porque es un referente de la ciudad, que hay que ganárselo con teatro

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