La Tía Wanda

LA TÍA WANDA

 

Y EL ABRIGO DEL CIELO

 

de Mario Ángel Quintero

 

(En el escenario hay una mesa gigante, redonda, y blanca con sillas a su alrededor. Estas están iluminadas. La asistente de la tía Wanda sube a los niños al escenario y los acomoda en las sillas. Hay un espacio a la derecha de la mesa para el ser de los sonidos. Al la izquierda de la mesa está el sitio de la asistente. En casos donde sea posible se establece un sistema de circuito cerrado donde se proyecta lo que la tía Wanda ve sobre una pantalla encima y detrás de ella. Empieza a sonar un tambor y entra la tía Wanda cantando. La asistente lleva el tren largo de su abrigo del cielo de noche lleno de estrellas. Mientras que llega y se sienta, la tía Wanda canta lo siguiente:)

 

Allí anda

La tía Wanda Ahí ahonda Desde pa’ canda La tía Wanda Hasta pa’ llanda Y ella manda Que ahora abran

Los oídos y los ojos Para que sus corazones Se expandan

Como el cielo

De mi abrigo,

Y sus días

De miel y trigo Vayan siempre De mejoranda En mejoranda.

 

(Cese el tambor. La tía Wanda se sienta. La asistente extiende las colas del abrigo.)

 

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Hola ¿Cómo están?

¿Ven el abrigo que tengo puesto?

 

Imagínense un cielo de noche, porque ahí empieza nuestra historia, en el espacio oscuro que queda entre las estrellas, en este círculo oscuro que queda entre nosotros. Ahora, el espacio es grande, grande. ¿Cómo de grande es?          El espacio es grande, grande, pero es muy sensible. El espacio es como un inmenso mar. Es tan sensible que cualquier aparición deja huella en su superficie oscura y líquida. En alguna parte de este mar casi eterno flota el tiempo. Mientras que el tiempo está ahí, a la deriva, sin dirección ni propósito, algo desde lejos empieza a perturbar el espacio líquido y silencioso. Alas gigantescas cruzan vastas extensiones. Vuelan por encima del mar del espacio, tan cerca que sus alas rozan el rostro de la oscuridad.

 

¿Qué será?

 

Es el pato gordo, torpe y gracioso de la vida que viene a meterse en todo, a volver a su nido después de cruzar todos esos años luz.

 

Este pato gordo, torpe y gracioso de la vida llega justamente donde flota el tiempo e intenta descansar sobre él. Pero el tiempo es inestable y se desequilibra, da vueltas, queda patos arriba al fin y empieza a gastarse. Una vez que el tiempo empieza a pasar, todo lo demás comienza a moverse también, en círculos gigantes (la tía gira la mesa gigante, a su centro se iluminan planetas y estrellas). Ahora les

 

presento el maestro de ceremonias de las esferas, el rey del ritmo interestelar, el percusionista de los planetas, El Tamborilórbitro.

 

T (en una voz trompetuda): Gira por curvas,

Pelota,

 

Ondas vienen, Rebotan, Ondas van.

 

Tiza traza, Cometa, Trompo baila, Planeta, Vueltas dan.

 

Soles bajan, Y rozan. Lunas suben, Y vibran. Gravedad.

 

(La tía se ríe y vuelve a su voz normal.)

 

¿En qué íbamos? Ah, ya. Les contaba que todo gira por el espacio, como si las manillas del reloj fueran escobas que barrieran todo por delante, cucharas inmensas que revuelven ese líquido oscuro que es el espacio, el mar espacio que se agita y se reboza, y riega un río, una dirección, un trazo.

Por todo ese río que se riega se extiende un bosque inmenso. Dentro del bosque

y al lado del río nace un pueblo. A medida que nos acercamos al pueblo por el río escuchamos música.

 

Hay una fiesta en la plaza al frente del hotel. Las parejas bailan en la calle y vemos sus siluetas en las luces.

 

Más allá de esas luces, en la oscuridad de la noche, los pueblerinos sueñan que el bosque está lleno de tigres y de leones.

 

Felicia: Pero pronto saldrá el sol.

 

 

(La tía Wanda señala una muñeca que cuelga de su abrigo.)

 

Les presento Felicia. Ella siempre está sonriente y de buen humor.

 

F: ¡Hola! ¿Cómo están? Si todos pensamos en cosas bonitas estoy segura que saldrá el sol. Necesito que piensen en la cosa más bonita que conocen. ¿Tú en que  estás pensando? ¿Y tú? Y tú? Yo estoy pensando en calor del sol sobre mi cara. Abro mis ojos y vea, está saliendo el sol. Las parejas y los sueños de tigres y

 

leones han desaparecido, y vemos que es un pueblo común y corriente. Tiene su policía. Tiene su cura. Tiene su enfermera.

 

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(Vuelve a su voz de tía Wanda.)

 

Vamos ahora a conocer al personaje principal de esta historia. Vamos a su habitación por la mañana cuando apenas se está despertando.

 

Lo vamos a llamar simplemente “Niño” porque él podría ser cualquiera de

ustedes.

 

El Niño se levanta y baja a la plaza a encontrarse con un Amigo Espacial. Este amigo es espacial porque sus piernas ya no le funcionaban, así que se movía por

el espacio de una manera diferente. Todo el día, el Niño y el Amigo Espacial se lo pasaron jugando a ser astronautas bajo la luz cálida del sol.

 

 

Ansielmo: Espere a ver, espere a ver. No todo está tan perfecto…

 

(La tía Wanda señala un muñeco que cuelga de su abrigo.)

 

Les presento a Ansielmo. Él siempre está ansioso y preocupado, y no se puede quedar callado cuando todo anda bien.

 

A: Pero, es que eso no es así. ¿Cómo pueden jugar ahí tranquilos a sabiendas de todo lo que les puede pasar? El mundo está lleno de peligros—

 

Felicia: Déjalos quietos. Están bien. ¡Pareces un viejito funfurrunguis!

 

A: ¡No me importa! ¡Cuidado muchachos! ¡Cuidado que después del día viene la noche! Y la noche está llena de oscuridad. Y ya saben que en la oscuridad vienen Miedo y su hermana Ira. ¡Corran! ¡Corran antes que los aplasten!

 

 

(Vuelve a su voz de tía Wanda.)

 

 

Y ya que Ansielmo los ha asustado, a los dos amigos les parece que el sol baja

casi ahí mismo, y peor, se imaginan que pueden oír los pisoteos lejanos de Miedo y su hermana Ira. Están seguros que vienen a aplastar al pueblo y especialmente a los dos amigos.

 

Sin saber lo que hacen, el Niño y el Amigo Espacial empiezan a huir. En cada momento parece que Miedo y su hermana Ira se acercan, que sus pisadas que astillan árboles y aplanan casas están a punto de caerles encima.

 

Ya llevaban un rato tratando de escaparse cuando llegaron a una floresta. Arriba, en el cielo, parecía aparecer el ojo de un monstruo entre las nubes. Como si eso no fuera suficientemente asustador, de repente apareció desde la oscuridad entre los árboles una jaula vacía que bailaba de allá para acá como en un ataque de estrés.

 

La Madre Neura: Eso es lo que necesito. Algo. Necesito algo. Un punto de referencia, por lo menos. Pero ¡ay! muchachos, tengo una aburrición. No sé, me falta algo, me siento tan insatisfecha. No me llena nada. El pajarito de la felicidad,

¿dónde está?

 

Niño: Señora. ¿Nos puede ayudar? Nos perseguían los Pisarisas, y estábamos tan concentrados en escaparnos que no nos dimos cuenta cuando nos perdimos. Ahora nuestro conocimiento no nos da para encontrarnos de nuevo.

 

La Madre Neura: ¡Ay! Los sufrimientos de los demás. Siempre los sufrimientos de los demás. Yo, muchachos, soy la Madre Neura, y no tengo ánimos como para ayudarle a nadie. ¿Qué sentido tiene? ¡Ay! Me siento tan vacía. Pues, no sé. De pronto mi hijo Acosito anda por ahí y él les pueda ayudar. (Lo llama por el aire.)

¡Amado nervio! (Pausa.) ¡Amado nervio!

 

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(Llega Acosito.)

 

 

Acosito: Es que es el colmo. No hay tiempo. Todo lo dejan para última hora. Nos echan a los Pisarisas encima, nosotros que no queremos problemas. No hay ni un minuto para perder. Y estos se paran ahí como si tuvieran todo el tiempo del mundo. No piensen. Vamos, vamos, muchachos, nos van a matar a todos. Madre muévete, deben estar que llegan. Corra, grite, auxilio, se vinieron encima. Qué susto. Qué ira. Madre, ¿dónde está tu histeria cuando la necesitamos? La última vez te aplastaron y me demore todo un día para curvar tus alambres de nuevo.

 

El Amigo Espacial: Entonces nos podría decir, por favor, por dónde queda el pueblo que—

 

Acosito: El pue—Por fa—Madre—Ya vie—Plom plom—Corr—Escon—Brin—Aaa! Niño: Vamos amigo, que los oigo de nuevo.

 

Así  fue. Si por el susto de Acosito o por sus propios temores no se sabía, pero ya no quedaba la más mínima duda que Miedo e Ira se acercaban a los dos niños

para aplastarlos y destriparlos definitivamente.

 

 

El Niño y el Amigo Espacial huyen entre los árboles y los dos zapatos gigantescos aplanan el paisaje detrás de ellos, cada vez más cercanos. Aquí sigue lo que en las películas llaman la percusesión, porque hay muchas explosiones de platillos y tambores a medida que nuestros dos héroes intentan perdérseles a los malévolos zapatos machaca-héroes. Árboles se astillan y piedras son pulverizadas y cada vez los niños sienten Miedo e Ira más presentes.

 

Parecía que nuestros amigos estaban a punto be escaparse cuando de repente llegaron a la orilla del río. Aquí no había nada que hacer, porque ni el Niño ni el Amigo sabían nadar. En unos segundos los Pisarisas los tenían arrinconados con el río a sus espaldas.

 

El Amigo Espacial: ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo nos vamos a salir de esta?

 

(La tía Wanda riega botones en el río para que pasen los niños.)

 

En ese momento el niño mira hacia atrás y ve que hay piedras, curiosamente parecidas a botones, que les permitirán cruzar el río.

 

Niño: Crucemos el río aquí.

 

El Amigo Espacial: ¡No! ¡No! Me da miedo.

 

Y al Amigo Espacial le parecía imposible cruzar el río. Sería difícil para alguien con piernas que funcionaran, pero para alguien como él era imposible. Se imaginaba deslizándose sobre una piedra y cayendo en esa agua fría.

 

El Amigo Espacial: Ve tú, y yo los distraigo aquí para que tengas tiempo para cruzar.

 

 

Niño: No. Vas tú primero.

 

El Amigo Espacial: Pero me da mucho miedo.

 

Niño: No te preocupes. Todo saldrá bien.

 

El Amigo Espacial: ¿Seguro?

 

 

Niño: Seguro que sí. Cruza pues.

 

(El Amigo Espacial empieza a cruzar el río.) El Amigo Espacial: Bueno. Aquí voy.

Niño: Eso es. Así se hace. Un paso a la vez.

 

El Amigo Espacial: Ya voy llegando a la mitad.

 

Niño: Eso. Queda menos por delante que para atrás.

 

Y así mientras el niño lo calmaba, el Amigo Espacial fue llegando al otro lado del río.

 

El Amigo Espacial: ¡Lo logré! ¡Lo logre!

 

 

Y de hecho ya estaba en la otra orilla del río.

 

 

El Amigo Espacial: Ahora sigues tú.

 

Y el Niño empieza a cruzar el río como si nada, jugando, brincándose

 

dos o tres piedras a la vez, lleno de risa y alivio al haber podido escaparse de Miedo e Ira al mismo tiempo. Un brinco… y risa. Otro brinco… y una cancioncita. Cuando de repente el Niño da un brinco, pero no calcula bien, y se trata de brincar demasiadas piedras, cae mal, se desliza, y antes de que el Amigo Espacial pueda hacer cualquier cosa, el río se lleva al Niño y no lo vemos más…

 

(Pausa.)

 

Attachment-1 (4)

El Amigo Espacial no lo puede creer. No tiene conocimiento de un cuento en que el personaje principal se lo lleva el río. Ahora es un personaje en un cuento así, y no lo puede creer. Hasta quiere hablar conmigo.

 

El Amigo Espacial: Señora… Señora…

¿Sí?

El Amigo Espacial: ¿Cómo así que el río se lo llevó?

Mi amor. No puedo hacer nada. Hay cosas que pasan y uno no puede hacer nada.

 

 

El Amigo Espacial: Pero, Señora. Y ahora ¿el cuento qué? El cuento tiene que seguir amiguito.

El Amigo Espacial: Señora, qué pena molestar tanto…pero es que ya no hay un

personaje principal y… entonces… ¿de quién va tratar el cuento? Va tener que tratarse de ti.

El Amigo Espacial: Pero yo no soy—

 

Ahora, sea juicioso, y vuelva al cuento.

 

El Amigo Espacial: Sí Señora.

 

(Pausa. La tía Wanda sigue hablando como si el cuento hubiera seguido mientras que ella hablaba con El Amigo Espacial.)

Ahí, solo, al otro lado del río, El Amigo Espacial estaba muy triste. Nunca se le había ocurrido que quizás él cruzaría el río y el Niño no. El Niño siempre había sido más fuerte, más capaz en todo.

 

El Amigo Espacial: Ahora ¿Qué voy a hacer?

 

Pensaba el a si mismo. Y necesitaba llorar. A veces eso nos pasa, necesitamos llorar por cualquier razón. El Amigo Espacial lo necesitaba en este momento y se dio su buena chillada.

 

(Canta.) Bu ju. Bu ju.

Bu ju uf uf,

Ju uf uf, Ju uf uf, Bu.

A juf jif jaf Jef jof juf Jif jaf jof Wu.

Ya yu

Ya yu

Ya yu.

 

Wa wa wa

Wa wa wa

 

(tres inspiraciones por la nariz.) (tres inspiraciones por la nariz.) Wa wa wa

Wa wa wa

Wu.

A juf jif jaf Jef jof juf Jif jaf jof Wu.

Ya yu

Ya yu

Ya yu

“Así me siento yo. Exactamente,” sonó una voz desde los árboles. El Amigo Espacial se sorprendió al oír una voz desde tan arriba, y levantó la mirada desde donde estaba llorando. Allá en las alturas, entre las ramas de los árboles, vio la sonrisa agridulce de una jirafa flaca y anaranjada.

 

Jira: ¿Qué te pasa, mi pequeño?

 

El Amigo Espacial: Estoy triste porque el río se llevó al Niño.

 

 

Jira: Ay sí. Así es todo en la vida. Un momento uno tiene algo, y el otro ya se fue. No me hables de eso que cuando pienso en tiempos pasados, como vivíamos de bueno. Uno no se preocupaba por nada, todo era bonito, y parecía que nunca iba a terminar.

El Amigo Espacial: ¿Qué te pasa en la nuca?

 

Jira: ¿A  qué te refieres?

 

El Amigo Espacial: A que tu cabeza está volteada hacia atrás.

 

Jira: Ay sí. Era un lunes al mediodía y no estaba poniendo cuidado, y por equivocación me tragué una “N” y se me atrancó. Ya no tenía “nuca” sino “nunca” y me vine aquí a vivir con todos los “nunca”. Me dicen Nostalgia: la nunca más. Desde ese día sólo miro para atrás.

 

El Amigo Espacial: ¿Y tú también estás triste?

 

Jira: Por todo lo que he perdido, por todo lo que fui, por todo lo que viví.

 

El Amigo Espacial: ¿Y no puedes vivir ahora?

 

Jira: No es lo mismo. ¿Ya para qué?

 

El Amigo Espacial: Mira la luz del sol como pasa por las hojas de los árboles, huela el aire, escucha como cantan los pájaros.

 

Jira: Sólo veo, huelo, y oigo ayer, ayer.

 

El Amigo Espacial: ¿Quién más vive acá?

 

Jira: Esta es la  Arboleda de los Remordimientos. Aquí viven todos los nuncas. Mira, aquí viene Cabizgácho, el mico. Como era de ambicioso cuando era joven, pero nunca llegó a las altas ramas, así que para él, nunca fue nada. No vez como está de flaco.

 

Cabiz: Hola joven. Veo que tú también tuviste dificultades.

 

El Amigo Espacial: ¿Cómo así?

 

Cabiz: Tus piernas.

 

El Amigo Espacial: Mis piernas no son problema. Esta taza me lleva donde tenga que ir.

 

Cabiz: Yo en cambio nunca llegué donde tenía que ir. Nunca cumplí mi promesa con la vida. Por eso es que soy tan insustancial, casi sólo una silueta. Mucho gusto, me dicen Cabizgácho: el nunca fui.

 

El Amigo Espacial: Pero todavía estás vivo. Hay mucho para hacer.

 

Cabiz: Muy tarde, muy tarde.

 

El Amigo Espacial: Pero no pueden pensar así. Tienen que aprender a seguir viviendo.

 

¿Y tú por qué estás aquí? le dijeron a la vez la jirafa y el mico.

 

“No sé,” respondió El Amigo Espacial.

 

“Yo creo que yo te puedo explicar,” dijo una voz pequeña desde detrás de un

árbol.

 

“Sal y déjanos verte,” dijeron los otros tres.

 

 

De repente apareció una figura pálida pero muy tierna.

 

“Tú ¿quién eres?” le preguntó la jirafa.

 

La figura pálida dijo sencillamente, “Yo soy el recuerdo que el Amigo tiene del Niño que se lo llevó el rió.” Miro a la jirafa y después al mico y después al Amigo y volvió a hablar, “El Amigo está aquí porque también es uno de los nuncas. Él es nunca lo volveré a ver.

 

Cuando escuchó estas palabras El Amigo Espacial se puso muy bravo y les dijo,

“¡Yo no soy nunca nada! Me voy de aquí inmediatamente.”

 

Y se fue de la arboleda lo más rápido posible, sin mirar a su conocimiento siquiera. Pero no importaba cuanto se alejaba de la arboleda, el recuerdo que tenía del Niño lo seguía. Hasta que ya desesperado, y sin esperanzas de perdérsele, sacó su conocimiento y lo miró para saber dónde estaba. El conocimiento le dijo que estaba perdido en mitad del bosque.

 

De repente los árboles se iluminaron con una luz blanca y  de la consistencia de leche. Había salido la luna. Por todo el rostro liso y ancho de la luna se rodaba el elefante dorado del Rey del Bosque, y se escuchaba la risa del rey rebotar por todos los vericuetos del bosque.

 

Se despega del rostro de la luna, hace un giro en el aire lleno de estrellas, y cae justo al frente del Amigo Espacial y el Recuerdo del Niño.

 

El Amigo Espacial: Señor, estamos perdidos. ¿Usted nos puede ayudar?

 

Rey: Yo soy el Rey del Bosque. Como rey de este bosque grande, oscuro y misterioso, yo te puedo decir que cuando uno está perdido, lo primero que tiene que saber es ¿a dónde quiere llegar?

 

Cuando el Rey del Bosque le preguntó eso, El Amigo Espacial se dio cuenta que no tenía la menor idea qué responder. No lo había pensado, y ahora sin el Niño para acompañarlo, todo había cambiado.

 

El Amigo Espacial: Señor para decirle la verdad, no sé.

 

Rey: Si no sabes eso, te tienes que preguntar algo aún más importante: ¿qué quieres?

 

El Amigo Espacial se quedó mirando al rey en silencio, porque tampoco sabía la respuesta a esta segunda pregunta.

 

Rey: Entonces amiguito, y tú también pequeño recuerdo, tendrán que viajar hasta las profundidades de este bosque y buscar en lo más hondo de sus seres para encontrar las respuestas. Miren que aquí estamos a la ribera del río, donde todo

se mueve en la corriente y al mismo tiempo donde el agua siempre está, donde todo fluye y se junta. Móntense en esta barca y déjense llevar por el río hasta donde tienen que llegar.

 

Felicia: Esta parte la cuento yo. Bueno Felicia, cuéntala pues.

Felicia: Bueno. Y entonces El Amigo y el recuerdo se montaron en la barca y

empezaron a navegar el río, pero el río era tan grande y tan fuerte que parecía que el río los navegaba a ellos, y muchas veces parecía que la barca se iba a voltear y era sólo con la ayuda del recuerdo que el Amigo pudo evitarlo. A veces el Amigo se sentía muy solo en esa barca bajo las estrellas y era sólo cuando hablaba con el

 

recuerdo que se podía reír y estar feliz otra vez. Fue en esa barca a la deriva por el río nocturno del centro del bosque que el Amigo aprendió a apreciar al recuerdo del Niño y ya al final lo que sentía el Amigo hacia el recuerdo era ternura, lo que quedaba del Niño que lo había acompañado en tantos juegos en la plaza del pueblo. Ya. Ya puedes seguir tú.

 

Gracias. Cuando estaban ahí sobre las aguas blancas del río salvaje, llegó un momento en que la barca empezó a dar vueltas y vueltas. Ese río daba, devolvía, lanzaba, enroscaba, espiralaba, giraba, y volteaba vueltas de todos los tamaños y todas las clases. El Amigo y el recuerdo no se podían ni parar siquiera de lo mareados que estaban. Ahí  acostados en el fondo de la barca, veían las estrellas dibujar círculos y serpentinas, remolinos y ochos, y quién sabe qué otras formas en el cielo oscuro encima de ellos.

 

Cuando ya las aguas se calmaron, se demoraron un buen rato para levantarse del fondo de la barca. En el momento que al fin se asomaron, vieron que el río los había llevado a una laguna calmada al lado de una pradera silenciosa y en flor. Las flores de los árboles eran de un blanco o rosado tan luminoso que parecían farolitos iluminando el camino del Amigo y del recuerdo. Estos se bajaron de la barca y pisaron de nuevo tierra firme. Al frente de donde se bajaron había un árbol gigantesco, amplio como el horizonte y tan alto que parecía extender sus ramas como brazos para colgarse del cielo.

 

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Al acercarse a este, el Amigo y el recuerdo vieron que apareció una puerta en el tronco del árbol. De repente, sin que nadie hiciera nada, esta puerta abrió.

 

Obviamente al Amigo y al recuerdo les dio mucho susto. Pero entonces escucharon la voz grande y risueña del Rey del bosque.

 

Rey: No estés asustado. Nada malo te pasará. Pero si ha llegado la hora de entrar aún más.

 

 

Entonces el Amigo miró al recuerdo, respiró profundo, y los dos empezaron a caminar hacia la puerta.

 

Pero el rey dijo:

 

Rey: Tienes que ir solo.

 

El Amigo Espacial miró al Rey y se dio cuenta por primera vez de su propia condición.

El Amigo Espacial: Pero Rey, la verdad es que estoy solo. Él es sólo un recuerdo. El Rey lo miró de una manera diferente, lo pensó un segundo, y luego asentó que

sí con la cabeza. El Amigo y el recuerdo pasaron por la puerta.

 

¿Dónde estamos ahora? Estamos en un sitio oscuro y cálido. Se escucha un cuchicheo en las sombras. El Amigo y el recuerdo escuchan que muchas voces pequeñitas los saludan.

 

Voces: Hola. Hola. Hola. Hola. Hola. Hola. Hola. Hola. Hola.

 

El Amigo y el recuerdo: Hola.

Bienvenido a casa, dicen las voces.

El Amigo Espacial: ¿Dónde estamos? ¿Ustedes quiénes son?

Voces: ¿Nosotros? ¿No sabes? Nosotros somos los frágiles.

Y con eso empezaron a salir de las sombras toda especie de seres extraños.

Voces: ¡Bienvenido al Mundo Protegido!

El Amigo Espacial: ¿No les da susto vivir en la oscuridad?

(Se escucha muchas risas diferentes.)

 

Voces: Claro que no. La oscuridad cubre para que nadie nos encuentre. Nadie sabe que estamos aquí, así que no nos molestan, y nunca pasa nada aquí.

 

El Amigo Espacial: Pero entonces ¿por qué dejaron que yo los viera?

 

(Más risa.)

 

Voces: Porque tú eres uno de nosotros. Tú eres un frágil.

Ahí le tocó reírse al Amigo Espacial.

 

El Amigo Espacial: ¿Cómo así?

 

Voces: ¿No te dolió mucho cuando el río se llevó al Niño?

 

El Amigo Espacial: Sí.

 

Voces: ¿No sería mejor estar escondido aquí donde nunca te pasara nada? El Amigo Espacial miró a cada uno y lo pensó bien.

El Amigo Espacial: Ustedes todos son muy hermosos y esto aquí es muy divertido, pero yo no soy uno de ustedes. Yo necesito que me pasen cosas, si solamente

para no quedarme pensando en las que ya pasaron. Estoy muy chiquito todavía. Antes de haber bajado por el río, creo que me hubiera quedado con ustedes, pero ahora se qué quiero.

 

De repente sonó la voz jocosa del Rey del bosque.

 

Rey: ¿Qué quieres Amigo?

 

El Amigo Espacial: Quiero ir a mi casa.

Rey: Bueno. Eso lo puedes hacer. Pero primero tienes que aceptar todo lo que te ha pasado en esta aventura. Y tienes que acordarte que todo lo que ha pasado ha ocurrido dentro de ti. Tus sentimientos son tuyos, no son de nadie más. Los llevas todos por dentro y te pertenecen. Si te acuerdas de eso, el miedo y la ira nunca más podrán hacerte huir de tu hogar.

 

En ese momento El Amigo Espacial miró al recuerdo y le dijo:

 

El Amigo Espacial: ¿No me dejas? Y el recuerdo dijo muy pasito: Recuerdo: Por nada.

El Amigo Espacial volteó donde el rey y le dijo:

 

El Amigo Espacial: Entonces acepto.

 

Voces: ¿Cómo así? ¡Vuelva pronto! ¡Adiós! ¡Traiga cositas! ¡Chao!

 

Sin querer los ojos del Amigo Espacial se empezaron a cerrar, y se sintió como cuando estaba dando vueltas en la barca.

 

Mientras tenía lo ojos cerrados todos los espacios se movieron de nuevo.

(La asistente le ayuda a la Tía Wanda a voltearse el abrigo. Vuelven los muebles de la pieza del Niño, pero ya son los muebles de la pieza del Amigo.))

 

En vez del bosque, estábamos en la pieza del Amigo Espacial, y en vez de noche ya era de día. Al abrir sus ojos en su cama, el Amigo Espacial escucha un sonido muy conocido:

 

Niño: ¡AAAAmmiiiigoooo! ¡AAAAmmmmiiiggooooo!

 

¡No puede ser! Pero así es. Está en su casa, y el Niño lo está llamando para que jueguen juntos en la plaza. ¿Será que todo lo del bosque fue un sueño? Pero sueño o no, el Amigo Espacial sabe que nunca se debe olvidar de lo que pasó en esa aventura y que ha aprendido muchas cosas de sí mismo y del mundo.

 

Se viste rápido y baja a la plaza a jugar astronauta todo el día bajo el sol cálido de su pueblo.

 

Ahora nos alejamos de él y el Tamborilórbitro nos empieza a describir los movimientos de los cuerpos celestiales de nuevo.

 

Tamborilórbitro: Todo da vueltas, los días, las noches, los planetas, las estrellas, el espacio y el tiempo.

Gira por curvas, Pelota,

Ondas vienen,

Rebotan, Ondas van.

Tiza traza, Cometa, Trompo baila, Planeta, Vueltas dan.

Soles bajan, Y rozan. Lunas suben, Y vibran. Gravedad.

(Vuelve a su voz de tía.)

Ahora nuestro tiempo se ha gastado y nuestro cuento se ha acabado. Antes que se vayan les quiero dar a cada uno un árbol para que lo coman y así siembren un bosque mágico por dentro. No se les olvide nunca que cada uno de nosotros es inmensamente grande y misterioso.

(Mientras habla y canta lo siguiente, reparte las chupetas entre los niños.)

Ahora vienen días mejores. Ahora viene la Tía Wanda.

 

Aquí anda

 

La tía Wanda Aquí ahonda Desde pa’ canda La tía Wanda Hasta pa’ llanda Y ella manda

Que ahora vayan

 

Con sus canciones

 

Y sus historias En ojos, oídos, Y corazones

Que se expandan

 

Sus sonrisas

 

Como el cielo

 

Que los envuelve, Como el cielo

Que los abraza Lleno siempre De cancionanda En carcajaranda.

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Autor entrada: Entreactos