Hotel de vagabundos: Crisol racial de las Américas

Hotel de vagabundos: crisol racial de las Américas [1]

María Mercedes Jaramillo / Fitchburg State University

Resumen

Durante su residencia en los Estados Unidos Zapata Olivella compartió vivienda y experiencias con inmigrantes y con personas de grupos étnicos diferentes con los cuales se vio confrontado a negociar su identidad y experimentó discriminación e injusticias como los afroamericanos; de esta experiencia nace su conciencia racial y es la causa de su lucha por la igualdad de derechos de sus hermanos de raza.

Palabras clave: discriminación, mestizaje cultural, identidad, ekobio

Abstract

During his residence in the United States Zapata Olivella shared housing and experiences with immigrants and people of different ethnic groups, with them he was confronted to negotiate his identity because he experienced discrimination and injustices as an Afro-American, from this experience his racial consciousness emerged, and it is the cause of his struggle for equal rights of his people.

Key Words: discrimination, cultural miscegenation, identity, ekobio

Yo soy la garza blanca morena… Inconstante, trashumante detrás de las riquezas de la naturaleza, unas veces como antropólogo, otras como escritor.      Manuel Zapata Olivella[2]

El peregrinaje que inició Manuel Zapata Olivella cuando decidió abandonar sus estudios de medicina, que llevaba a cabo en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, cambiaría su visión de mundo y marcaría su vida personal, profesional y literaria. Sin un rumbo determinado, sin dinero y sin equipaje, que le estorbara su viaje a pie, se encaminó hacia los Llanos orientales de Colombia pretendiendo seguir los pasos de Arturo Cova y alcanzar el Brasil, ruta que pronto abandonaría al enfrentase a la selva amazónica, que lo hizo cambiar de derrotero al evocar la suerte de los caucheros. Regresó a su casa en Cartagena y de allí se dirigió hacia Panamá, atravesó Centroamérica y México donde logró trabajar y conseguir una visa para los Estados Unidos con el objetivo de entrevistar a los braceros que trabajaban en el sur del país.  Estaría fuera de Colombia por cuatro años (1943-1947) durante los cuales realizó diferentes oficios, que le permitieron subsistir y continuar su travesía, caminado por la orilla del mar, de los ríos, por las selvas, pueblos y carreteras. La intemperie, el hambre y la fatiga fueron constantes compañeros que templaron su carácter y le enseñaron en carne propia los oprobios que sus hermanos de raza experimentaban bajo diferentes regímenes políticos.  Su intrepidez, sus conocimientos médicos y sus lecturas le permitieron beneficiarse de esta insólita experiencia, pues podía compartir con la gente sus enriquecedoras vivencias de viaje y aprender de primera mano sobre la vida de obreros y campesinos, mulatos, negros y mestizos. “La pasión vagabunda” como él llamó a esa necesidad de conocer, de experimentar y de moverse por los distintos ámbitos de las Américas, fue el objetivo primordial del viaje. Logró vivir en esa América profunda dejada de lado en los libros de viaje escritos por autores mejor equipados, quienes realizaron sus recorridos con dinero, con documentos y que utilizaron diferentes medios de transporte donde no tenían que ubicarse en la parte destinada a los negros o viajar como polizontes o a pie.

MANUEL-ZAPATA-OLIVELLAPara Olga Arbeláez lo textos de Zapata Olivella que narran su experiencia en los Estados Unidos son: “una memoria histórica que registra la experiencia del exilio y desplazamiento de los afro-estadounidenses dentro de su propio país doblegados por la práctica de la segregación” (16). Por el color de la piel Zapata Olivella, como los afro-estadounidenses, fue marginado, hecho que lo llevó a rebelarse contra el racismo y a identificarse con la población afro-descendiente en las Américas. El extrañamiento que le produjo tanto el sentimiento de no pertenencia al mundo del blanco como el habitar espacios marginales separados de la sociedad dominante le generaron esa “furia negra”, que lo impulsó a buscar un cambio no solo en los Estados Unidos sino en Colombia, adonde decidió regresar para combatir por un espacio simétrico para los afro-descendientes.  Y como dice Díaz Granados: “Manuel está allí [en Colombia]  “como una conciencia intemporal levantando el dedo acusador contra los opresores inclementes y encarnando todas las bellas acepciones de la negritud, el negrerío y la negredumbre, como un auténtico vocero, como un chamán, como un apóstol” (5).  Y Dhouti Martínez dice, con razón, que Zapata Olivella hizo del mundo su salón de clase donde estudió las causas sociales de los problemas de los negros, mulatos y mestizos. En su viaje a los Estados Unidos su meta final era alcanzar el sur donde imperaban las leyes de Jim Crow, en ese ambiente pudo observar las horribles prácticas racistas, que finalmente lo convirtieron en un defensor de los derechos humanos (182).

Al volver a Colombia Zapata Olivella terminó sus estudios de medicina en la Universidad Nacional, pero sus experiencias de viaje le habían despertado la necesidad de ser un activista, labor que consideró más urgente que la de desempeñarse como médico. Ya había adquirido una conciencia política y una visión diferente de la medicina y de la labor del médico durante su época de estudiante,  por eso en ¡Levántate Mulato! afirma:

De golpe las ideas políticas entraron de lleno en mi concepción revolucionaria de la medicina. Desde entonces dejé de ver los pacientes como simples víctimas de bacterias, conejillos de laboratorio y anfiteatros. El enfermo era también, y más frecuentemente, una víctima social. El virus inoculado por el profesor me compulsaría a buscar la etiología de la enfermedad más allá de los laboratorios. La crisis haría explosión cuando decidido a conocer la sociedad americana que gestaba a los enfermos –el feudalismo y las dictaduras militares- abandoné la universidad para recorrer a pie los caminos de Centro América, contaminado por la fiebre de los grandes vagabundos… (182-3)

¡Levántate mulato! amplía la lista de las autobiografías de la diáspora africana en las Américas y, como bien lo afirma Dhouti Martínez, Pasión vagabunda y He visto la noche contribuyen a la literatura de los viajes, pero no de exploración y conquista sino de relocalización y redefinición del yo como sujeto, que valoriza la negritud como una imagen de lo nacional (136).

Fue un embajador sui generis de Colombia y sobre todo de su gente, por su perfil racial se identificó con los afro-descendientes quienes le proveyeron ayuda y albergue. Llegó a los Estados Unidos en la época de la segregación racial y fue testigo de humillaciones y vejámenes que le harían cuestionar los valores de la democracia estadounidense.  Esa Pasión vagabunda –título del libro donde recogió sus vivencias como ciudadano pobre y negro– sería una dinamo que lo impulsó a profundizar en las experiencias de los descendientes de los esclavos africanos en las Américas, investigación que culminaría con su gran epopeya Chango, el gran putas.

20zapata4.dominical          De sus experiencias de viaje y de las personas con las que tuvo contacto en ese largo periodo en Centro América, México y Los Estados Unidos surge el material para su pieza Hotel de vagabundos, ganadora del Premio Espiral en 1954[3] y publicada en 1955. La obra se lleva a cabo en un hotel neoyorkino situado en un barrio miserable a finales de 1946 durante la época de la Segunda Guerra Mundial. En esta pieza Zapata Olivella evocó al Hotel Mill’s, ya desaparecido, donde se alojó cuando estuvo en esa ciudad. Allí se hospedan una serie de personajes marginales, enfermos, drogadictos, veteranos de la guerra, desempleados, ladrones, homosexuales, vagos, refugiados españoles y franceses, negros, puertorriqueños, latinos e inmigrantes de diferentes naciones que buscan la forma de sobrevivir. El  aviso del hotel: “No es permitida la entrada de mujeres” (H de V 9), nos sitúa en ese ambiente masculino de gente desplazada o exiliada.

          Los más de cincuenta personajes se agrupan por intereses comunes como la lucha en contra del fascismo de los inmigrantes europeos o la discriminación y el racismo que une a los afro-descendientes, pero lo que los aglutina a todos es la pobreza imperante que los lleva muchas veces a desafueros y actos de crueldad absurda. Como el asesinato del anciano rico que compartía con los huéspedes comida y bebidas. El crimen, la investigación policial y el ajusticiamiento del personaje, injustamente acusado son los temas centrales de la pieza, que le permiten a Zapata Olivella hacer una radiografía de la injusticia que enfrentaban y aun enfrentan las minorías para obtener una posición simétrica en una sociedad  que rechaza la diferencia.  El arbitrario juicio y la rapidez de la ejecución del “hallado culpable” denuncian la ilegitimidad de la justicia cuando es practicada en una sistema racista, donde no todos los ciudadanos son iguales ni reciben los mismos beneficios de la ‘democracia’.

          La pieza muestra la ideología de la época como la fe en el comunismo y en la creación de una sociedad sin clases donde todos tengan igualdad de derechos y deberes. La caridad es ineficaz para solucionar los problemas sociales, por eso vemos como la generosidad del anciano no cambió las circunstancias de sus compañeros, que seguían viviendo en la miseria y buscaban sobrevivir a toda costa. Aunque surge la solidaridad entre algunos miembros de un mismo grupo étnico, como los negros latinoamericanos y estadounidenses o como los latinos que se reparten la poca comida que consiguen, hay también mucha animosidad entre los huéspedes del hotel. Las reyertas y la desconfianza emergen por diferencias raciales, ideológicas y por problemas personales.  También hay conflictos entre los empleados y los huéspedes, entre los ciudadanos y los inmigrantes, entre blancos y negros y entre las minorías.

          Desde estas primeras experiencias de Zapata Olivella nace la agenda “impacientemente política y redentora” como bien lo anota Jonathan Tittler.

El enajenamiento, la soledad y el feroz individualismo que caracterizan la condición contemporánea occidental ofuscan el fundamental ‘ser con’ que subyace en la metafísica de Changó. Ser con confiere movilidad a los atrapados y otorga agencia a los marginados, apoderando al subalterno a que se mueva y actúe mientras se encuentra en libre asociación con sus Sombras predecesoras.[4]

Esa condición contemporánea se ve recreada en los huéspedes del hotel, que se hallan atrapados en un mundo inhóspito, llenos de carencias y ajenos a esa visión de “ser con” que los empoderaría. Por el contrario, el color de la piel y la lengua nativa ocasionan bizarras discusiones entre los afro-descendientes sobre la discriminación, la raza y sobre los términos para definirla.  No han encontrado todavía esas “sombras predecesoras” que los unirían y los llevarían a la acción.  Sin embargo, el tema de identidad, que predomina en los parlamentos de los personajes, muestra como lo étnico permite crear alianzas entre los personajes de diferentes nacionalidades, a pesar de que la diferencia de la lengua les hace pensar que los que no hablan inglés no son negros.

Joe: Yo les había dicho que él no es negro.

Oscar: Claro que soy negro, al menos así lo dice mi pasaporte.

Marcus: (Dirigiéndose a Joe) Ya ves es negro como nosotros.

Gino: No puede ser negro porque habla español.

Joe: Y para ser negro se necesita hablar solo inglés! Será un simple nigger.

Oscar: (Confundido) Qué diferencia hay entre un negro y un nigger?

Marcus: Mucha. Yo y Joe, somos negros, pero Gino es nigger.

Oscar: No veo la diferencia, ustedes tres son negros.

Gino: (Pedantemente) ¿Cómo? ¡Yo soy diferente a esos! ¡Soy listo, tengo sangre noble, mis padres eran marroquíes! Además me desagrada ser bestia de carga como a éstos. (Muestra a Joe y a Marcus) Me gusta dar órdenes.

Joe: Eso es, un nigger. Un negro que no quiere ser negro. En cambio nosotros estamos orgullosos de serlo. No es así, Marcus?

Marcus: Algunas veces me gusta ser negro, pero otras no. Cuando me pusieron la soga al cuello para lincharme en Georgia. Hubiera dado cualquier cosa por volverme blanco. ¿Han visto alguna vez que se haya linchado a un blanco?

Joe: Pero algún día los negros lincharemos blancos, no a uno sino a todos (Risas).

Manuel: Entonces lincharán al Che, a Fernández y hasta mí.  Sólo dejarán vivo al periodista y al cubano.

Joe: (Reflexionando). Es que ustedes no son blancos americanos, sino latinos. En sus países no discriminan al negro.

Argüelles: En Chile no.

Che: En Argentina tampoco. [….]

Cuellar: En la Habana para que un negro valga lo que un blanco tiene que hacer por diez de éstos!

Fernández: En Panamá también se discrimina, pero sólo en la Zona del Canal donde mandan los gringos.

Marcus: Y linchan negros?

Fernández: Eso nunca.

Joe: Entonces no hay discriminación.

Oscar: Siempre se discrimina. (H de V 47-48).

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Después de comparar el color de la piel y de comprobar que todos son semejantes, a pesar de la diferencia de idiomas y de términos raciales, Marcus concluye: “se nos ha vuelto un lío (H de V 48). Escena que muestra la enorme preocupación y la dedicación que la elite dominante le ha dedicado a las categorías raciales en un afán de justificar la diferencia y legalizar la explotación y marginación del ‘otro’. Estas clasificaciones raciales han sido desafortunadamente asumidas por las razas señaladas como inferiores. La imposibilidad de llegar a un acuerdo muestra claramente lo absurdo del discurso racista y la falacia de las hipótesis que lo legitiman.

 “Gino: Tengo sangre noble, desciendo de príncipes marroquíes. Hablo perfectamente el castellano y el francés. Como ves, yo valgo aquí y en Sur América” (H de V 20). Esta actitud de Gino es mal vista por Marcus y Joe que no soportan su petulancia, a pesar de que todos son negros.  Marcus dice: “Me gustaría verlo frente a un pelotón del Ku Klus Klan.”  Y Joe afirma: “No le deseo ni a un blanco la muerte que deseo para él.” (H de V 21)

El Ku Kus Klan y los linchamientos son imágenes indelebles en la psiquis de Marcus y Joe, los afro-estadounidenses, que han sido testigos de estos crímenes de lesa humanidad. La herencia de la esclavitud y la experiencia de la marginación que marcan la vida de los descendientes de los esclavos contrasta con la actitud de Gino, quien se ufana de sus ancestros y de su educación.  El desprecio de Gino hacia los otros afro-descendientes apunta al rechazo que separa a los africanos y a los afro-descendientes de la diáspora. Extrañamiento que sintió el mismo Zapata Olivella cuando estuvo en África pues no logró identificarse como un africano en el territorio de sus ancestros.  La experiencia de la esclavitud es un legado que los separa de los africanos y es un vínculo que hermana a los afro-descendientes en la diáspora aunque provengan de diferentes países y hablen lenguas diferentes.  Zapata Olivella cuenta en Levántate mulato que durante un viaje a África al encontrarse con el regente de una aldea serere le dijo que se sentía honrado de “saludar al hermano por cuya sangre corría la de mis antepasados esclavos. Enfurecido se puso de pie y mostrándome con el índice lacerante, trató de destruirme con el fuego de su mirada imperial” (336). Sus palabras tuvieron un impacto desolador en Zapata Olivella pues el rey le informó que ellos no podían ser hermanos ya que entre sus ancestros nadie había sido esclavo (336).

La ejecución de Marcus, falsamente acusado de asesinato y robo, recrea la inequidad de la justicia que condena a muerte o a la cárcel a las minorías de una forma expedita. Los huéspedes del hotel se atrincheran en el salón del hotel para protestar por la injusticia, hecho que los convierte a todos en “facinerosos y asesinos compinches del negro” (H de V 90) ante las autoridades. En esta obra Zapata Olivella dejó un vívido testimonio de las desigualdades sufridas por los negros. Pero sus experiencias de viaje también le mostraron la capacidad de los afro-descendientes de seguir “viviendo su vida sin perder la risa, la ingeniosidad ni la voluntad de luchar contra las fuerzas que intentaban envilecerlos y explotarlos” (Díaz Granado 69). Según Lawrence Prescott:

Manuel Zapata Olivella pudo informar a sus conciudadanos colombianos de la realidad histórica y contemporánea de Afronorteamérica. Lo hizo no desde la perspectiva de un individuo ajeno al asunto, sino desde la atalaya de un hombre latinoamericano consciente y orgulloso de sus raíces africanas y comprometido con la lucha de los que llamaba ‘hermanos de raza’”. (en Díaz Granados 69)

Durante su residencia en los Estados Unidos Zapata Olivella compartió vivienda y experiencias con inmigrantes y con personas de grupos étnicos diferentes con los cuales se vio confrontado a negociar su identidad:

Él a veces se identifica racialmente como negro, refiriéndose a los afroamericanos como ―mis hermanos de raza; culturalmente como latinoamericano cuando está en contacto con otros latinoamericanos, y a veces se identifica en términos de nacionalidad, como colombiano. Su identidad plural le permite identificarse de numerosas maneras, maniobra y manipula sus identidades, generalmente como una respuesta a la discriminación o como una forma de maniobrar dentro del sistema de racialización de los Estados Unidos. De estos encuentros surge un sentimiento de orgullo racial y cultural, que lo hace concientizarse y reforzar su dedicación a la resistencia e incluso, a veces, a la militancia. (Dhouti Martínez, 134)[5]

Pero con el paso de tiempo Zapata Olivella evolucionó en su conciencia racial y llegó a definirse como descendiente de las tres razas que constituyen el mestizaje americano: negra, india y blanca; por eso se reconoce en la imagen de la “garza blanca morena”, pues él también tenía un abuelo catalán, una abuela zenú y una abuela negra.

La experiencia de los afro-descendientes de la diáspora atraviesa su obra y es una constante en su trabajo tanto de investigación como de ficción, y a través de sus escritos se puede seguir la evolución de su pensamiento.  El extrañamiento sentido en Bogotá que lo impulsó a abandonar los estudios y a iniciar un peregrinaje en busca de conocimiento y de huellas de identidad le hizo entender que el desarraigo creado por la trata y por la esclavitud son huellas que lo separan tanto de los africanos como de los americanos que no tuvieron las mismas experiencias.  Pues como dice Zapata Olivella: “Tres siglos y medio después del sacrificio de generaciones y generaciones de africanos, yo crecía en Cartagena de Indias, uno más entre otros descendientes de antepasados desconocidos, pero vivos en mi propia existencia y en la de mis vecinos de barrio” (Levántate mulato 110), y más adelante afirma: “Ganados ya los cuarenta años, militante en movimientos discriminadores en Colombia y Estados Unidos, comprendí lo que significaba la Cartagena mulata para mí, y cuánto le debía” (118), Esa convivencia con el ‘otro’ que comparte una historia similar le permite moverse y reconocerse con facilidad entre sus hermanos de la diáspora y finalmente verse como un ekobio, “término que usan los practicantes de la santería y otras religiones afrocubanas, para expresar el sentimiento fraternal entre los descendientes africanos” (Lawrence Prescott en Díaz Granados 69).

El pensamiento humanista es uno de los valores indiscutibles de la obra de Zapata Olivella, como lo afirma William Mina.  Este viajero incansable avocó por una filosofía de la libertad que abarcara a todo el género humano y que trascendiera la trietnicidad y el color de la piel.  Su esfuerzo como médico, escritor y antropólogo fue luchar por la dignidad de todo ser humano. Siempre tuvo en la mira al otro, y al  reflexionar sobre sus experiencias y el saber adquirido afirma que fue un proceso lento y trágico. Pero se puede decir que su lucha fue dinamizada por la presencia de los niños que tanto en Harlem como en Cartagena juegan béisbol y viven a plenitud lo que la vida les ofrece. Zapata Olivella jugando con lo niños en Nueva York pudo compenetrarse con su lenguaje. Y dice: “Mirándolos con sus ropas raídas, rememoré mi infancia en Cartagena, en los playones del Getsemaní y los patios de Chambacú. Las mismas caras sonrientes en medio de la miseria. El espíritu altivo, la alegría desbordante” (Levántate mulato 276-277).

Germán Espinosa describe a Manuel Zapata Olivella como el “americano perfecto” pues es un mestizo que se nutrió de la rica herencia cultural de África, Europa y América. Y con toda razón añade que el mestizaje más interesante es el cultural (XIX). Ese mestizaje racial lo impulsó a viajar buscando los orígenes pero se encontró con el rico legado del mestizaje cultural que ensanchó su obra y su vida. Finalmente esa trashumancia y las experiencias vividas llevaron a Zapata Olivella a reconocerse como un colombiano mestizo cuyas memorias de la Cartagena mulata serían imborrables.  Asumirse como un ekobio fue reconocer su rica herencia triétnica y universal pero cuyas raíces son imposibles de encontrar lejos de su patria.

Obras citadas

Arbeláez, Olga. “Un vagabundo en los Estados Unidos: desplazamiento y exilio en He visto la noche y Hotel de vagabundos de Manuel Zapata Olivella”. Estudios de Literatura Colombiana. Medellín: Universidad de Antioquia, 18(2066)13-37.

Dhouti Martínez, Khamla.  “Rewriting the Other: Manuel Zapata Olivella’s ¡Levántate mulato!” Letras Hispanas, (Volume 4, Issue 2 Fall 2007)129-137.

Díaz Granados, José Luis. “Manuel Zapata Olivella, su vida y su obra. (2003). http://manuelzapataolivella.org/pdf/MZO-SuVidayObra.pdf 14/4/2013.

Espinosa, Germán. “Zapata Olivella, el aventurero”, prólogo a Pasión vagabunda. Bogotá: Ministerio de Cultura, (2000)viii-xxi.

Mina, William. “Zapata Olivella: en el País de los Ciegos”.

http://manuelzapataolivella.org/pdf/ZapataOlivella-EnElPaisDeLosCiegos.pdf

24/5/2013.

Prescott, Lawrence.  “Afronorteamérica en los escritos de viaje de MZO: hacia los orígenes de He visto la noche”, prólogo a He visto la noche, Bogotá, Ministerio de Cultura, (2000)229-239.

Tittler, Jonathan. “Changó en traducción: movimiento lateral y pensamiento lateral”. http://manuelzapataolivella.org/pdf/JonathanTittler-ChangoLateral.pdf 4/15/13.

Zapata Olivella, Manuel. He visto la noche: Las raíces de la furia negra, Medellín: Bedout, 1946.

—. Hotel de vagabundos (teatro). Bogotá: Espiral, 1955.

—. !Levántate mulato! Por mi raza hablará el espíritu. Bogotá: Rei, 1990.

—. Pasión vagabunda. Bogotá: Ministerio de Cultura, 2000.

[1] Este ensayo fue publicado en la Revista de estudios colombianos, 44(2014)13-17.

[2] En un video de dirigido por Maria Adelaida López en el 2007, “Manuel Zapata Olivella, abridor de caminos”. http://manuelzapataolivella.org/

[3] El concurso fue auspiciado por la Editorial Iqueima y organizado por la Revista Espiral, el jurado estuvo integrado por Clemente Airó, Carlos López Narváez  y Carlos Delgado Nieto.

[4] “Changó en traducción: Movimiento lateral y pensamiento lateral”.

[5] He at times identifies himself racially as black, referring to African Americans as ―mis hermanos de raza; culturally as Latin American when he is in contact with other Latin Americans, and at times he identifies himself in terms of nationality, as Colombian. His plural identity allows him to identify in numerous ways, maneuvering and manipulating his identities, usually in response to discrimination or as a means of maneuvering within the US system of racialization. What comes from these encounters is a surge of racial and cultural pride, a further coming to consciousness, and a reinforcement of his dedication to resistance and even, at times, militancy. Mi traducción.

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