Monólogo para una actriz triste

Monólogo para una actriz triste

José Manuel Freidel

Actriz: Nora Quintero

 

  1. Introducción

(El cuarto de la actriz se aprecia en una penumbra. Son las cuatro de la tarde de un día frío. Un café servido, un cigarrillo humea, las cosas personales están aquí y allá como suspendidas en el tiempo: vestidos de tantos personajes habitados por ella, cuidadosamente esperan, protegidos del envejecimiento, sombreros, guantes y los objetos que completan un atuendo y hacen del recinto un desfile de imaginarias presencias).

(Sentada, quieta y absorta, su presencia domina, una música lejana, unos periódicos… suena el teléfono).

ACTRIZ: ¡Aló!… ¡Ay! Otra vez, de nuevo insisten. No. No quiero ir, no lo deseo ¡No! No es eso, no es el trabajo, soy yo… estoy vacía, no me esperen. No podría aportarles nada, el grupo necesita crear y mi aporte sería tan poco que me siento reducida a cero. ¡No! No estoy bebiendo ¡¡Y no llamen más!!

(Camina nerviosa con azogues de un lado a otro, se sienta, se para, respira hondo como si inhalara el universo, va al cigarrillo, al tinto, al periódico y llora…).

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Sobre el mundo

El mundo tiene una extraña cicatriz, una fisura y no sé quién hizo la herida.

Tengo hambre de Dios y esta maldita soledad atorrante. Hambre.

Como si millones de seres inhabitados me recorrieran el estómago clamando aullidos.

Rencores

Dolor y esta inmensa cicatriz zanjada.

Estoy vieja, hoy amanecí vieja como una miserable cloaca, como una mierda infinita, sola… sin Dios y con una ley inexorable, vivir.

Y arrastrar el cansancio del ser en mi cerebro que me punza.

Qué miserable chancleta sos, vieja Eulalia, adorable amapola, cansada Eugenia, alegre Lucrecia, enferma Esperanza, amada Soledad.

Soy una actriz y estoy triste desde el inicio del mundo, triste.

Lo que diga o calle está escrito en mi alma, si es que conservamos aún ese duendecillo inexistente en un nicho sagrado, a quien acudimos cuando las lágrimas nos ahogan, a quien invocamos.

¡¡El alma!! Ese sucio trapo de nuestra conciencia.

Deseé siempre morir pero la cobardía me lo impide, tantas cosas que son impedimentos y me obligué a vestir personajes imaginarios que mueren en escena:

¡He aquí mi gran triunfo!

Aquella Julieta que equivocó la treta y su teta sin Romeo y la risa y la tragedia, no hay que ser muy minucioso, pienso yo, para determinar que el inicio de la nada es el ser, todo es perfecto sin nuestra condición y el mundo rueda inocente.

¡¡Cultura a la mierda!!

¡¡Filosofía a la mierda!!

¡¡Ciencia a la mierda!!

Todo es una gran equivocación cicatrizada

Teatro a la…

No, que sería de mí sin él.

Teatro a la vida, es lo único que existe, que perdura, que nos devuelve la imagen, el espejo nunca roto, las sombras y Borges.

Un trago, quiero un trago como Irene, un personaje que alguna vez interpreté, bebedora y trágica, lo único que recuerdo de ella fue su gran sed, espejismo de la sed, insaciabilidad líquida, laguna ¡Ah! era una gran pez mi bella Irene.

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  1. Primer cuadro: “Irene”

Canta:

En casa de Irene se baila y se bebe,

los chicos, las chicas frecuentan su bar.

En casa de Irene…

Un trago, quiero un trago y otro y otro, por siempre otro. Que tarde nos cogió de sorpresa; quien sopesó que esto pasara hoy, nueve de abril día del cumpleaños de mi hijo, de mi muñeca. Todo estaba listo, todos sabían que en casa de la Irene había fiesta con palomas y alocados ritmos.

Canta, canta la melodía, no importa, todos desde el sueño y sus temores querrán asistirte en canto. Eres tú la sirena, dúlzales el miedo, entónalos…

¿Quién toca? Sos la bala que mató al caminante. Las gentes todas deben danzar, reír. Que de veinticuatro horas que tiene el día y su noche, hay veinticinco de sobresalto y lágrimas…

¡Ahjht! ¡Siempre estamos en deuda con las horas!

Canta, no importa que no haya invitados… Ellos te escuchan mi amor, así no más le estén donando sangre al tiempo y la historia… Calla… Mira ahí cayó el tornero, mira no más ahí el herrero y la puta y el lustrabotas arrastrado en la calle y él, el gran Gaitán, ya no vive.

Todos se acuartelan, canta, no aún no; escucha la súplica del de sotana y la santa beata y sus remilgos ¡No! Que pasa con las calles, las incendian.

Fíjate qué nos queda en la alacena, hay que comer, hay que comer; todos tenemos que comer y que vestir y que reír y que llorar, pero hay que hacerlo, porque las llamas, porque el ruido, los soldados disparan mi vestido y mi aria y se daña la fiesta de mi hijo.

(Canta y baila):

Uno busca lleno de esperanzas

el camino que los sueños

prometieron a sus ansias,

sabe que la lucha

es cruel y es mucha

pero lucha y se desangra

por la fe que lo empecina.

Uno va arrastrándose

entre espinas y en su

afán de dar su amor,

lucha y se destroza

hasta entender que

uno se ha quedado

sin corazón...

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  1. Sobre los hombres

Personajes, personajes que me habitan y me hacen una diosa. ¡¡Por favor!! ¡¡Oiga, oiga!! Sí, soy yo, ¿No conoces mi voz? ¿Mi tonalidad? Soy yo, la que desconoce su propia piel, la que ha vestido siempre, un engaño perpetuo, perpetuado como el mar, ese charco eterno que te aterroriza porque habla, canta, inclusive tiene sus propias sirenas, las cuales absortas evaden risas, sortilegios y sólo presencian el temor.

¡Ay! Las eternas magas de la duda, las señoritas ensueño, las cantarinas vírgenes del agua, deben estar hilvanando sus trenzas salinas para danzar un sortilegio amoroso: AMOR. Maldito tema que me persigue y obseca, obsicua, obsecada, prisionera ¡Maldita! Maldita mi soledad.

Se fueron y no es el abandono, no han estado, no están, son las inmensas y deseadas figuras del amor, son las presencias evadidas.

Son esas figuras de porcelana que si tocamos se rompen, se deshilachan, se enredan en los sueños, cuelgan, penden, sostienen el cansancio, me torturan, abren socavando imantando imanidades, vaivenes, hamacas del amor, los hombres, esos eternos dioses de la destrucción, la belleza y la muerte.

Mis poros que son infinitos los han soportado como si una dulce ensoñación fuera mi pubis, pubisísima tangente, órgano cantarino, guitarra clásica, pero ninguno ha sido el compositor que me eternice.

¡Defenestradores! ¡Caníbales! Mis bellos amantes, ¡Mis animales tristes! Mis hombres. Cerdos casi ángeles, idénticos, cual desfile de tropas hormigueantes, eructos mil de sus polvos idénticos, llantos, jadeos, gemidos, idénticos, los hizo el que pone los huevos, germen de machos, el gran pájaro, como si una alucinación de sus plumas volara hacia un largo destierro.

Sólo un gran paisaje de niños, hombres y ancianos dispuestos en la gran mesa para hacernos sufrir, servir y todas las cadenas apretando ¡Carajo! Eso es lo que hemos hecho: herrumbres y un lamento.

  1. Segundo cuadro: la niña

El oso de trapo / brinca en el sofá

Junto a la muñeca / que dice papá

¡Ay! Mi cielito ¿Por qué llora?

No llore, que los niños llorones no gustan a papá, no gustan a mamá, no gustan a los tíos que te dan regalos de navidad. Para que seas la princesita de esta casa.

¡Haber! ¡Haber!… “Yo quiero el oso…”

Si sigues llorando, Violeta, te castigo,

Eres una niña mala, mala y perversa… Y mamá está triste… mamá… llora… snif…

Así Violeta, así me gustas, pucherito de nube, gugú de azúcar, caramelo; mira la chupeta que tengo de premio ¡No! ¡No! tienes que ser educada y decir gracias, haber, di gracias a tu reina mora que a toda hora vela por ti… Si no dices gracias, calzoncito abajo, culito arriba y pelita duro… Había que castigarte Violeta, y sin llorar recibes tu castigo. No patalees Violeta, con este pañuelito te aprieto la boquita, para que no sueltes la lagrimita. Te voy a castigar una hora, te apago la luz y se te aparecerá el demonio, el diablo, el cucu, cu-cuuuu, con esos ojos desorbitados que asustan a las niñas malas, así: ¡UUUU!

No reina, muñequita de mamita, no se asuste, mamá te protege, mamá te cuida, mamá te mima.

En este barco iremos, sobre las olas, en un velero, en altamar… Aquella nube es como un pajarito y aquélla como un corderito… (sobre las olas…).

¿Te calmaste Violeta? ¿Ya no estás asustada? ¿Cuál es la niña más tierna del mundo?

¿La niña que tiene que comportarse bien?

¿La niña que tiene que aprender a cocinar, lavar, coser, bordar, planchar, hornear y a recitar?

Mira cómo le tienes que recitar a abuelita, cuando vamos el domingo de visita…

Quien volara tan alto

Como la luna

Para alcanzar las estrellas

Una por una

y de todas ellas

coger la más bonita

para alumbrar el cuarto

de mi abuelita.

  1. Sobre la palabra

Muy niña los ojos se me extraviaban en un vacío sostenido por el murmullo feliz de cantos alados; las diosas del verano eran mis guardianas, juguetonas y sus risillas hacían de mis ricillos una compañía feliz, pero en las noches la tormenta se gozaba en hilar sus notas broncas, sus misterios con el compás gris del invierno. Todo es el vaivén del gran ser o no ser, de nuevo Hamlet, otra vez Shakespeare ¿Dónde estás Ofelia? ¿Qué lagunas, trágicas flores te sumergieron en la eterna noche del tiempo?

¡¡Ah!! Este pensar vaguedades, esta facilidad bordada para traer a flote recuerdos de otras vidas, de otras ficciones, tanta totalidad, tanta vana y falsa idiotez.

El tímpano se me va a reventar y mi palabra es el torpedo, palabras, letras que te rodean y su graznido te redonda, te define una ecuación lingüística, memorable en su etereidad, lista a unirse a su paralela o a su contraria, palabra urdida en imanes, diamantez del verbo. TE ADORO.

Abra da la calabra

piensa sin la ventana

Lucrecia Ofelia trinza

voltea vuelta vacuos

sin con san de salabín

última la ultramar galimatías

de so la sal tristezas.

El verbo, cómo nos conduce a la locura.

Esa rápida acción de la palabra, la armonía.

Bastión del teatro, ¡¡qué ironía!! ¡¡Qué desfachatez!! Qué mierda teatral, sola y sin personaje, sin el adorno de la mentira, con el reflector apagado, cerrado el sol de la noche con la enorme vulgaridad mediatizada, acaso, qué mierdas, el mundo se olvidó de lo esencial; no tengo personaje, tengo, ayúdenme a buscar un personaje, es tan distinto el caso de los personajes que ruegan por autor.

(Se va la luz)

¡Pirandello! ¡La luz! ¡Carajo! ¿Dónde hay una linterna? Otra vez la oscuridad del inicio, de nuevo los orígenes, el caos.

  1. Tercer cuadro: “Amantina”

Quién ayuda a Amantina la loca del vagar, quien ha perdido sus ojos de tanto mirar.

¡Ay! Me duele la oscuridad y la vida que se repite.

Quién le da un peso a Amantina, la anciana de estas calles y le cuento mi historia para que no se enrede como otras muchas en el olvido y en la memoria del engaño…

¡Ay! No más, ¡No golpeen más! ¡No quemen más! Las chozas arden, las llamas huyen y los hombres se hinchan en los ríos, los ríos arrastran cuerpos sin cabezas cortadas por machetes y la vida entera se nos va consumida en sangre que rueda imparable, aullido de niño y madres que corren, salpicadas con las tonalidades de su dolor por el campo, por la floresta, desencajan su rostro salpicado, sus rostros que ven el espanto y pierden la razón de su mirar y de su hablar.

Yo era una joven y ahora que los años me encorvan y enceguecen, veo los mismos rumores. Desde mi noche cerrada y perenne sin luna, repito los cansados pasos de los hombres y su temor y sus balas, la guerra camina en estas calles, majestuosa y olímpica sin rumbo.

Estrepitando estallidos de dinamita, sembrando un terror que mis apagados ojos ven con el brillo exacto de esta sin razón alucinante.

Quién ayuda a Amantina la loca del vagar, quien ha perdido sus ojos de tanto vagar…

Por un peso te cuento mi historia, mi coca está vacía y esta noche tendré que alimentar vientos.

¡Qué! No les duele una anciana vieja, loca y ciega que cuenta cosas de otras épocas y las encuentra repetidas en ésta.

Hui de aquella barbarie y en el camino se servían de mí como un manjar las bestias humeantes con sus babas y sus líquidos.

La vieja Amantina ha soportado las violaciones de toda una época, de casi un siglo.

Ahora, vieja y ciega, puedo estar tranquila, duermo en el zaguán que me escampa y la caridad sirve de ayuda.

También sé cantar y bailar, si mi historia, mi común y corriente vida no merece un peso, sé cantar y sé bailar…

(Su baile y su canto se confunden en frases sin sentido, en una tristeza, imagen de soledad, frustración y vejez).

  1. 8. El rezo

Señor: esta es mi pequeña oración, la destino con el fervor de mi fe a implorarte con la devoción que ha acompañado mi explanada, a rogarte por todos mis sacrificios en pro de una existencia pacífica, florida y lúcida, que me quites mis arrugas, mis cansancios, mis ansias, mis anhelos, que mi pensamiento solo tenga parabienes y satisfacciones; te ruego una belleza perenne, tú sabes mejor que nadie mi odio a la vejez, a esa cierta lentitud con quejidos y bastones y toses, a ese reumatismo seco, al insomnio, a los recuerdos acumulados como piedras de estiércol, al pasado, no quiero ser pasado, todo fue, es cierto que el tiempo nos engaña con su disfraz del futuro y todo lo borra, todo: pasiones, jadeos ¡Ay! Mi Dios, mi constante pasajero de calma, lléname de este elixir juvenil que abandonó mi cuerpo, trae a mí certeros presentes de amor, te invoco, te suplico, te rezo.

¿Qué te sucede imagen santa? ¿Por qué esa quietud? ¿Ese estancamiento? Dios. ¡Dios! ¿Dónde estás?

Voy a la vejez sobre la barca de mis años, lejana en compañías, sin hijos ¡Sin sostén! Y lo que más me duele ¡son estas podridas y caídas tetas de vaca vieja!

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  1. Ausencia

Elixir flor del asombro, cuando las nubes caen en el ocaso del sol, son como niñas inocentes, como mujeres soñadoras, como augustas señoras del tejido, como un recorrer tiempos de niebla en la distancia, como el rito de ser mujer aquí sentada en la silla de la espera.

Alada esfinge del sol, te pienso en este pequeño retazo de hilos impensados, soy Penélope, pequeñina danzarina de los hilados urdidos en inocentes y tortuosos asombros del vacío.

Perro cansado.

Sombra y detestabilidad de la espera.

Mi niño, mi amante, tráeme una cobija con tu cuerpo para desparramarla sobre el universo como si fuese la diosa eterna.

El amor, mancha sangrada, líquido exacto, prontitud de deseo, cercanía otra voz.

Cuerpos como ciervos de alas danzantes, muchachitos sudados del fútbol, efímeros caminantes, siemprevivos, hermosos y todos los adjetivos y todas las espermas de la piel, la ignorada maravilla del cuerpo que solo habla un verbo: EL DESEO.

Tu piel de niño, mi amante ¡Ven!

Otra vez, horca, ruego por tu amor…

¡Ven!

Acércate pronto con la exactitud tibia de las caricias, así como un susurro de brisa cálida. Expláname, tócame poro a poro, lento, que tus manos amor hagan de mi cuerpo tu escultura soñada, tu adorada esfinge.

Rodéame dorado adorador, rocíame con vaivenes, llámame en el silencio de la noche cerrada.

Me vestiré como Yocasta para que cierres tus ojos, y solo el palpo, el tacto y la niebla sean tus sensaciones.

Seré Amantina,

Ifigenia,

La maga de la noche,

Tu Circe del día,

Cércame en gemidos y por fin desparrama sobre mi aullido tu lava, eructo líquido, babeante anuncio del ritual.

Somos un solo universo soñado, no tangible a la palabra, solo el cuerpo.

Este amor desgastado, este inicio de la noche con tantos perros que aúllan, esta diminutez, este silencio, esta sombra, es como un cohabitar del cansancio. ¿Quién no se cansa del camino? ¿De la mirada? y ¿De la luna? ¿Quién cuando recorre mundos no piensa de pronto en abandonos?

¿Quién no deshace su retina en fútiles miradas?

Qué pereza este monólogo, cargado, áspero y diatribo.

Risas, risas por siempre, hacer de todo un chiste es lo mejor, tratar de humorizar el mundo, humor, risas por fin, lágrimas por siempre.

  1. Cuarto cuadro: “la viuda Ester”

Cómo será el teniente Basilisco, debe ser alto, moreno, de bigote espeso, mirada profunda, altivo y elegante.

¡Erre con erre cigarro,

erre con erre barril

rápido ruedan los trenes

cargados de tropas al ferrocarril!

(La viuda Ester esperando al teniente Basilisco).

Teniente, mucho gusto, Ester viuda de Ochoa. ¡No! Que he de decirle… Cómo presentarme para impresionarlo.

Teniente: Ester.

¡No! Demasiado seco y falto de educación.

Teniente, es un placer recibirlo. Ester, a su servicio. Acá los niños de la escuela, con sus uniformes planchados, con sus banderitas de colores y cantando el himno; aquí la banda y los músicos, flores, guirnaldas; el discurso florido pronunciado por el reverendo Elías…

Pero no, tiene que ser un recibimiento oscuro y clandestino, mientras el pueblo duerme para cuando se levante encuentre las esquinas, las calles, las plazas, protegidas de tanto revoltoso que anda perturbando la paz y el orden ciudadano…

Y yo aquí sentada y demacrada con los sueños atrasados de toda una semana por culpa de la turba que ha invadido mis tierras, las tierras trabajadas con tanto fundamento por mi difunto Juan, que en paz descanse. Es horrible, mi paz amenazada, mis tierras invadidas por culpa de la chusma andrajosa y maloliente. Que llegue el teniente Basilisco, en el tren de la noche, camuflado, su casco militar y me invada y me proteja y así yo pueda dormir mis noches tranquila y segura, ojalá llegue el teniente Basilisco con su revólver espeso y humeante y su piquete de soldados y balas y metrallas y se sepa quién carajo da las órdenes y quién las cumple ¿Dónde están los revoltosos? ¿Dónde?

  1. La niñez

Era una anciana cuando dormía en las noches del inicio, poco conocía de la palabra pero el que fue mariposa el be sostenido como bemol, anunciaba auroras; otra vez cuando dije caca aullaron las palomas, silgas inocentes

la niñez, la contemplación

me sometieron a mordazas

en las piernas para no ser garetas

en la boca para no llorar

en los ojos para no ver.

Vine al mundo como si una alucinación del ser fuera mi despertar

traje amapolas, siemprevivas

cariños, novios y pequeñinas flores del encanto.

Luego la dureza del caminar

El camino bordado y a mí sola se me iban las nubes.

El abecedario inició el camino de las letras 2 a, 1 c y etcéteras,

Aprendí a hablar y ahora lloro…

es el eterno reinicio de las palabras.

Mis padres eternidad de la especie solo acompañaron su tristeza, triste de nombre y pesadumbre de apellido fueron, guiaron mis pasos de solitaria grulla, como Irene, una grulla sin espejo, sin trago y abandonada de su abandono.

Quiero hablarles de mi abuela, la bella anciana de las canas cantarinas, la eterna solicitud de la calma, mi divina poza de la sabiduría.

Tú le decías:

—Abuelita ¿qué día es hoy?

Y te respondía:

—Siempre.

Era una eterna contemplación del ensueño, devoraba el siglo y la luz sin asomo de dudas, permutaba y a ella luego del baño le llegaban los inocentes pajarillos a secarla con su vaho de notas mañaneras.

Mi abuelita está muerta, como la luz, me acompaña y da un respiro sonoro de paz y alegría; abuela de caricias adornada en besos, invítame con tus ternuras a ser por siempre nube. Y la casa enferma y deshabitada, hecha un vacío, sin sombras de nadie, con palabras acomodando un pantano. ¡Ay! La casa de mi abuela era agua, ahora es desierto. ¡Soledad! Abuela, abuelo, padre, madre ¡Carajo!

  1. Los muertos

La miserablez, el cansancio, el día noche de este habitar, un sostenido interminable, laberintos, asombros vanos de mi verbo que se encierra sobre sí mismo como serpientes enroscadas.

La mirada tiene un punto fijo, el pensamiento girando como un torbellino delirante que habla de otras voces, de otras presencias.

Los seres que se han ido y nos dejan su mirada y su voz para en las noches de tormento regresar sus compañías muertas, esas retinas, sojuzgantes, enteras formas del olvido con sus pieles lisas y escuálidas de fantasmas, de susurros y pesadillas.

Te dicen: ven, ven a mi sombra, este nuestro mundo está ausente de dolor, somos solo las presencias de tu pensamiento, tu recuerdo, un olvido como de nunca acabar, déjanos tranquilos en este limbo y ven con nosotros, acá haremos de tu pelo hermosas flores, de tus manos olivos, nacerán de tu vientre escorpiones que danzan un frenesí ritual, ven. La muerte en su esfera de misterios también tiene su eterna pesadilla.

Sólo me queda tomar pastillas para acabar con mis nervios que punzan y agotan mi triste mirada. O beber, rodar en líquido, desposar la ebriedad para que mi estancia se llene de risas falsas.

  1. Segunda llamada

¿A la orden? ¡Ahj! ¿Pero por qué me persiguen carajo?! ¡Estoy reflexionando sobre mí! Entienden, decidí dejar el grupo en una forma total, busquen quién me reemplace en mi papel. No. No es una mala jugada, estamos iniciando el montaje y es por el bien del grupo… No seas ingenuo, el trabajo no logra “sacarme a flote”. Nadie se está ahogando, además yo soy mi propia tabla de salvación… No, espera, lo que digo es egoísta. ¡Es cierto!

Nuestro trabajo ya no le sirve a nadie, no. No he perdido mis principios, pero lo que te digo es verdad ¿A quién le interesa un trabajo como el nuestro donde tenemos que sobrevivir con las uñas?… Escarbando, peleando contra el cliché político o contra la vulgaridad comercial. Estamos entre dos fuegos y ya estoy aburrida de tanto marginamiento.

¿Me encuentras confusa? Yo también.

Llámame más tarde.

Trataré de calmarme.

Hasta luego.

  1. No va a ningún lado

He de irme a París ¡No! Tal vez a la helada estepa para buscar a Chejov. ¡No! Tal vez ser una hermosa geisha del país de la flor. ¡No! para qué. Todo es basura y comezón y escarabajo y masacre y hablas y terrorismo: siglo XX has perdido tu alma, no hay que ir lejos (siempre el sueño y el insomnio van cogidos de la mano).

Acá en mi país el paisaje se me redobla en fantásticas notas del absurdo en aullantes carcajadas.

Las gentes están ahí, metidas en el palacio, en la mole imponente donde pule la justicia sus lentes de contacto, donde no quiere ser miope, no las dejen morir tan fácil: hablen señores de la palabra y la retórica, no dejen morir tan fácil, de tantas cosas fáciles, bombas, barro, lodo, desencanto.

¡Ay! Gimen los mendigos en las noches estrelladas

¡Ay! Se torturan los locos deambulantes de hambre y frío.

¡Ay! Un eterno clamor de las mujeres que solo ven el fondo de las ollas.

¡Ay! Dolorosos ayes de los caminantes sin rumbo.

Para qué querer otro sitio, otro espacio, si en este me sobro en desgracias,

No creo que sea capaz de ensayar.

Debo tener un poco más de ron, llamaré al grupo… ¡Ay! ¡Qué dolor de cabeza tengo! Soy muy buena para hacer papelones baratos, falsas disculpas, en el fondo debería candidatizarme para la presidencia. Qué grandes actores son esos señores del gabán, los eternos, los que siempre deciden, cómo y por qué desde sus esferas de poder, desde su arrogancia única, solo han logrado convertir este vasto país en un cementerio, un vagar de almas, solo han hecho de nosotros infinitos Pedros Páramos; de los ríos cloacas, del aire un monóxido absorbido, respirando con dificultosos respiros…

Y nosotros: sometidos, humillados, ¿qué tenemos? ¿Qué bastión nos ilumina? El cansancio.

El futuro es una palabra más perdida que el pasado.

Nos han dado desde que nacemos ¡¡Carajo!! un grandioso pasaporte al olvido.

Nuestra identidad es una vulgar fiesta, donde solo rueda el terror camuflado en danzas macabras, no nos han permitido fluir, avanzar rítmicamente, gobernantes caníbales, festín de ladrones ¿para qué buscar otro sitio? Otro escape si en mi propio territorio encuentro el robo de los niños, para que en las plazas alaradicen sus vientres hinchados, así como también encuentro fastuosísimas damas coronadas sobre los calcinados cuerpos inocentes. Han hecho del napalm nuestro dios.

Huir ¿de qué?

Si la duda nos corroe a todos por parejo.

Es imposible ahogarme más, es masoquista torturarse más.

Seré lo que tengo que ser en mi grupo: ACTRIZ, y ponerle a mis personajes la carga emotiva de todas mis almas, de todos mis pensamientos.

¡Sí! Le daré al trabajo todo mi ser.

Allí reiré y cantaré y haré de pajarraco, de gata y de paloma.

Mil formas que me harán un ente común de gentes que como yo sufren pero hablan con sus otras presencias y eternizan una ofrenda de amor para ese gran público: nuestro espejo.

Esa gran masa etérea que te cobija en aplausos o desprecios, que siempre espera contemplar cómo se sucede el río pasajero de otras imaginaciones que no sean las suyas, pero eso sí, que conserven sus perpetuados engaños, sus ansias.

Ir al público, soltar mi carga con la membrana sutil de un sueño, para fijar un pequeño momento en sus mentes y hacerlos reír y tal vez a unos cuantos, reflexionar.

  1. Liduvina y Juana la lista

(Liduvina busca socorro para su ama)

LIDUVINA: Francisco Elías… Pacho. Se muere doña María Botero, mi ama ¡Abre bestia! Abre. Si ella muere yo no existo Francisco ¡Abre! Soy su criada, su sierva, su todo. ¿Cómo perseguirla después que cruce el umbral? ¿Qué vestido ponerle cuando vaya a rendir sus últimas cuentas? ¡Abre, vil y mezquino escarabajo! ¡Abre!

JUANA: ¿Qué son esos excesos de ruido ante la santa morada de Francisco Elías de la Estrella, Liduvina? Acá todo ha de ser en susurros. Don Francisco se fue… cobijado, anoche por el silencio sombrío de soledad, nostalgia y desilusión de hombre a quien le han pagado con una falsa moneda. Todo lo hizo por Dios y la salvación de las almas; más la desventuranza es tal, que le robaron todos los dineros que hubo ahorrado para la hechura de la linda virgen, cara de María. Lloró ante mis ojos. Yo lo vi salir, con quince baúles, tres maletines llenos de papeles y su andanza trémula de cansancio.

LIDUVINA: Se fue… para dónde, Dios, bicho de mal agüero, perdición ¿Y el dinero de los célebres visitantes de mi señora? ¡Me tocaba un treinta por ciento en el negocio! ¡Me robó! ¡Ladrón, vil!

JUANA: Yo no entiendo de esas cosas ¿Cómo así, de qué me hablas? ¿Ladrón de qué? A él le robaron todo. Me lo dijo. En sus baúles, solo cargaba imágenes santas de yeso. Me dejó esta como recuerdo. Estaba tan triste. Bueno y sabes qué Liduvina…

LIDUVINA: Perro de perros, perro asqueante, asqueroso, ascásmico, pulgoso, pulga de todo un siglo, buitre del tiempo. Dejarme a mi sola y sin céntimo ¡Puto!

JUANA: Te dejó esto… creo que es de oro. Yo no quería esto Liduvina, ni an’naides revelar porque es secreto. Ya que tu alma acongojada suplica un rezo, te digo: los que robaron todo fueron Zota, Zoilo y Zancudo; esos herejes, esos liberales, esos masones. Todo lo que don Francisco hizo santa, sabia y con mesura de iluminado, fue abanicar un nido de perdición. Cuando yo estuve en la barbería recolectando fondos, me preguntaban cosas raras y Zota primero se mostró raro; el Zoilo guardaba unos papeles y Zancudo también muy raro. Irse así no más despareciendo uno a uno, en secreto de conspirados, como amapolas mustias de abandono. ¡Eh!, muy raro.

LIDUVINA: Me voy, mi señora se muere ¡Tengo que asistirla!

JUANA: Liduvina, todavía no amanece, unos tragos…

LIDUVINA: Me voy, mi señora muere…

JUANA: ¿Y quién no?

FIN

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Autor entrada: Entreactos